24.7.07

El cambio que da resultado: cambiar uno mismo.

Hace unos días leí varios escritos relacionadas a las paradojas en nuestras vidas, y hubo una que me pareció muy interesante y andaba con ganas de escribir al respecto. Así que, aquí vamos...

La tan usada frase de que todo cambio comienza en uno mismo toma una enorme dimensión el día en que efectivamente nos lanzamos a buscarle el sentido; quiero decir, un sentido para nuestra propia vida.

Una de las primeras cosas que comenzamos a entender es lo paradójico de los caminos que solemos tomar. Miramos para atrás y notamos la cantidad de tiempo que le destinamos a criticar y sobre todo a culpar a los de afuera por lo que nos pasa, por lo que nos toca, otorgandole así la responsabilidad de todos los hechos que ocupan nuestra vida a los demás. Sin importar quiénes sean los "demás", los de afuera, la clave de la cuestión es que generalmente lo que nos pasa termina siendo responsabilidad de todo el mundo, menos de nosotros mismos.

Casi como una consecuencia lógica de todo esto, aparece en escena otra de las pretenciones más comunes que tenemos: tratar de amoldar las situaciones o las personas con las que entramos en contacto día a día, usualmente. En otras palabras, acomodar todo en base a nuestros propios gustos, a nuestros propios parámetros, a cómo nosotros consideramos que las cosas "deben ser".

Sin dudas que es todo paradójico entorno a estos comportamientos. Pensamos que los de afuera no condicionan hasta el punto de ser los únicos responsables de que no podamos ser nosotros mismos a la vez que intentamos todo el tiempo amoldarlos a nuestras propias preferencias. Y los juzgamos a partir de ello.

Criticar, delegar responsabilidades, tratar de "armar" a los que nos rodean a gusto y placer son acciones que comparten una raíz similar: nos demuestran lo poco que vivimos nuestra vida en referencia, precisamente, a nosotros mismos. Y es justo acá cuando aparece lo interesante de la cuestión.

Leí que no son pocos los que afirman que una de las paradojas más sorprendentes radica en el hecho de que mientras la persona vive más su vida en base a sus propias preferencias, sus propias deseos, o haga las cosas por sí misma desprendiendose del constante anhelo de aprobación y agrado, más le importa el bienestar de los demás. Al tomar la misma persona una nueva dimensión, es el otro, el de afuera, el que adquiere a su vez una nueva magnitud...

Para terminar no quiero dejar de lado la última gran paradoja que está muy relacionada con todo lo que dice esta nota y se desprende casi como una obviedad después de leerla: una persona tiene efectivamente la capacidad de cambiar a los de afuera cambiando ella misma y no haciendo constantes y estériles intentos de cambiar a los demás.


Por Santi Grandi & Chueco García.

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